Lorinne Canto, de la Junta de Clasificación de Software para Entretenimiento (ESRB) asegura que el sistema de símbolos representado por las letras C, E, T, M y A que se usa para clasificar cuáles son los videojuegos para niños, adolescentes y adultos, pasa inadvertido ante los ojos del consumidor.
“La mayoría de los papás que le compran juegos a sus hijos no saben que existe, los jóvenes que sí pueden saber no le dan importancia, y tampoco existe una ley que haga valer esta clasificación a la hora de salir a la venta”.
Otro problema que hay, apunta la inspectora, es que la clasificación a menudo no corresponde al contenido que tiene el juego. “Este puede ser mucho más violento y pornográfico de lo que cabría esperar de una clasificación con la T (adolescentes). En videojuegos con una E (para todos), se encuentran niveles de violencia que no son apropiados para niños”.
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